sábado, 11 de enero de 2020

Cuento 3
Fuerzas de roce
Esta es la historia del tiempo, que empieza cuando la familia de las fuerzas de roce no existía. Incluso, dicen, que la princesa Gravedad aún no existía.
Hace tiempo. Mejor dicho: hace mucho tiempo, cuando el reloj aún no marcaba el tiempo habían solo Estrellas y, entre ellas, el Señor Sol.
Las estrellas vagaban libremente por el espacio sin fin, nada ni nadie las detenía en su aparentemente lento avanzar, todas se iban a lugares reservados por la Sabia Naturaleza. Nada obstaculizaba el camino de estas habitantes que inundaban lo finito y lo infinito, lo extendible y lo inextendible.
No había contacto entre ellas, las estrellas, de tal forma que sin mayor esfuerzo perseguían un destino preestablecido, tampoco había aire que las obligara a tomar formas extrañas para desplazarse.
Las estrellas vagaban por un extraño fluido que no era fluido: el espacio. Eso,el espacio que no ha sido, aún, conquistada por la Reina Masa. En este espacio las estrellas vagan, alumbrándose por sí solas el camino por andar.
Pero, sucedió lo que nadie esperaba, algo imprevisto.
El Señor Sol veía que el tiempo transcurría y siendo alegre y dinámico estaba aburrido de estar solitario, veía con pesar el hecho de que los integrantes de su familia se estaban alejando entre sí. Y decidió un día desprenderse de parte de su cuerpo. Lo hizo y lo dispersó en su entorno y así nació la familia de los Planetas. Y para que no tuvieran su propia experiencia, a los Planetas que estaban más alejados les dio acompañantes que no les hicieran la vida tan triste. Así nacieron las Lunas. Y para juguetear, de vez en cuando, dispersó pequeñas partes de su cuerpo creando los Cometas y los Asteroides. Así fue que nació su propia familia, que hoy los hombres le llaman el Sistema Solar.
Pasó el tiempo y una vez, en la Tierra, tercero de los Planetas en su cercanía al Señor Sol, se produjo una avalancha y las piedras y rocas empezaron a rodar y nada ni nadie las detenía, rodaban y rodaban sin fin hasta perderse en las aguas que adornaban su superficie.
Una de las rocas que rodaba golpeó un árbol y este salió desprendido en línea recta e igual que las estrellas adquirió un movimiento de alejamiento y se fue perdiendo hacia lo finito e infinito del espacio. Y así, muchas otras rocas golpearon otros árboles que también tuvieron la misma suerte.
Y así fue que la Tierra se fue quedando sin habitantes.
La Tierra pensó así misma: “si esto sigue sucediendo todo se va perder, taparé el océano de piedras y los árboles se me escaparán, ¡algo tengo que hacer!”.
Fue donde su padre, el Señor Sol y le contó su drama, pero el Señor Sol nada le pudo recomendar ya que no entendía lo que la Tierra le estaba contando.
Por consejos de su Padre, la Tierra fue donde la Sabia Naturaleza y ésta,después de escucharlo, le dijo: “querida Tierra, yo te solucionaré el problema,vuelve a tu lugar, nada temas, pronto verás que todo objeto que quiera moverse del lugar que ocupa en tu superficie será reconvenido y llamado a no alejarse demasiado”.
Y así fue que la Sabia Naturaleza le dio a la Tierra una extraña familia que la habría de acompañar para siempre: la familia de las Fuerzas de Roce.
A partir de entonces, los cuerpos que querían moverse en la Tierra, tenían quehacer un esfuerzo para iniciar el movimiento, era la Fuerza de Roce Estática la que impedía que se empezaran a mover, no se sabe a ciencia cierta que si la Estática era la mayor de las hermanas Fuerzas de Roce.
También ocurrió que los cuerpos que ya estaban en movimiento en la Tierra,tenían que hacer un esfuerzo permanente para no perder el movimiento, era la Fuerza de Roce Cinética la que llamaba a los cuerpos a que detuvieran su andar.Dicen que ésta, la Cinética, era la hermana menor de las Fuerzas de Roce.
Y los cuerpos a los que se le ocurría tener parte de su ser en contacto con el aire, halo misterioso que rodeaba la Tierra, también tenían que hacer un esfuerzo para no detenerse, y era muy curioso, mientras más rápido iban, más esfuerzo debían hacer. Era la Fuerza de Roce con el Aire la que quería impedir que los cuerpos se movieran.
Y así fue que los habitantes tuvieron que aprender a convivir, día a día, noche a noche, con las hermanas Fuerza de Roce.
Los habitantes de la Tierra, no encontraron forma alguna de engañar a las Fuerzas de Roce, siempre se hicieron presentes, nunca dejaron que un cuerpo dela Tierra se moviera libremente como las estrellas.
Y así fue que los habitantes de la Tierra tuvieron que reconocer a la Sabia Naturaleza como la más grande entre todas las grandes. Por fin la Tierra y sus habitantes no se iban a alejar y perderse en algún lugar, estarían siempre cercas entre sí, y los obligaría a tener que vivir como familia. Y así se crearon las familias de habitantes de la Tierra.
Y, entre las familias, estaba la familia de los Hombres.
Y los Hombres dijeron: “gracias Sabia Naturaleza, por ser tan sabia”.




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El Viejo árbolÉrase una vez un árbol que tenía cientos de años. Era tan viejo que todos los animalitos del bosque lo conocían y siempre estaba lleno de pajaritos y animales que se sentaban en sus ramas.

Todas las primaveras el árbol se llenaba de bonitas hojas verdes y de riquísimos frutos y eso hacía que se sintiese muy feliz.
- ¡Venid a mis ramas a cobijaros del sol y a trepar para divertiros! ¡Además podréis comer todo lo que queráis! – decía el árbol a todos.

Un día, unos niños pasaron por allí y vieron al hermoso árbol. Todos fueron a subirse a su tronco. El árbol estaba muy contento porque estaba haciendo feliz a los niños. Claro que en ese momento no se imaginaba lo que acabaría ocurriendo.

Los niños iban cada día a jugar al árbol y como no tenían ningún cuidado y sólo se preocupaban por pasárselo bien, arrancaban sus hojas y partían sus ramas.
Los animalitos se iban asustados en cuanto los veían.
- ¡Ahí vienen los niños! ¡Tened cuidado! – gritaban los animalitos.

El pobre árbol estaba cada vez menos frondoso y tenía muchas ramas partidas. Se sentía débil y mustio y echaba de menos a los animalitos que ya no se atrevían a subirse a sus ramas.

Unos pajaritos se dieron cuenta de que el árbol estaba muy triste y se acercaron a preguntarle:
- Viejo árbol, ¿Por qué estás tan triste?
- Me encanta que todos vengan a jugar con mis ramas y a comer mis frutos, pero hay unos niños que cada vez que vienen me hacen mucho daño y asustan a los animalitos – respondió el árbol.

Los pajaritos se quedaron muy tristes al ver que aquel árbol tan viejo estaba perdiendo toda su hermosura y fuerza. Tenían que conseguir por todos los medios que los niños lo cuidasen para que recuperase su fuerza y pudiese seguir haciendo feliz a todos.

Entonces, fueron a hablar con los niños:
- Amigos, acabamos de ver al Viejo árbol del bosque y nos ha contado que estáis haciéndole daño en sus ramas y su tronco. Se siente cada vez más débil y el resto de animalitos se asustan mucho al veros.

Los niños, que no eran conscientes de que realmente estaban comportándose mal con el árbol, respondieron:
- A ese viejo árbol no le pasa nada porque nosotros juguemos en sus ramas. Si se las partimos y le arrancamos las hojas ya le saldrán otras. ¡Los árboles están para eso!

Los pajaritos advirtieron a los niños de que era necesario cuidar a los árboles y plantas porque si no los cuidaban cada día, habría un día en el que perderían toda su fuerza y nunca más podrían brotar hojas ni dar frutos para comer, pero a los niños les dio igual y siguieron actuando igual.

El Viejo árbol estaba cada vez más débil. Todos los animalitos estaban muy preocupados sobre todo cuando vieron que al llegar la primavera el árbol no tuvo ni una sola hojita verde y no dio ningún fruto del que pudieran comer.

EEl Viejo árbolntonces, fueron a hablar con los niños de nuevo para que vieran lo que estaban consiguiendo. Pero por mucho que los animalitos les explicaban lo que pasaba, a los niños les daba igual.
- ¡No pasa nada! ¡Ya darán hojas y frutos! ¡Nosotros no tenemos la culpa! ¡A los árboles se les pueden arrancar las hojas y partir las ramas! – decían

Pasaron los años y el Viejo árbol ya no tenía ninguna fuerza y los animalitos no sabían qué hacer.
- Niños, ¿veis como llevábamos razón? Este árbol dejará de vivir si no dejáis de tratarlo mal – dijeron los animalitos.

Los niños, al ver que el árbol realmente estaba tan débil, se dieron cuenta de que habían cometido un error muy grande y se sintieron muy mal.
- Esto es por nuestra culpa, lo sentimos muchísimo. No lo hemos tratado bien y ahora el árbol está a punto de morir... Tenemos que hacer algo.

Los niños aprendieron la lección y nunca más trataron mal a los árboles y las plantas y con la ayuda de los animalitos mimaron tanto al árbol que consiguieron que volviera a estar frondoso y lleno de hojas y frutos.
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Los cuatro contenedoresEl Señor Agrio Gris llevaba trabajando en la calle Desesperante nº 30 desde hacía ya tantos años que todos habían perdido la cuenta. Era un contenedor gris, anticuado y muy gruñón. Con él, trabajaban otros tres contenedores.

El contenedor Verde Botella, conocido como Iglú, se había indigestado en más de una ocasión por comer botellas con tapones y viejas tazas de porcelana. Su plato favorito eran los tarros de legumbres y de postre los frascos de mermeladas, pero no siempre podía degustar esos alimentos porque había días que tenía que colgar un cartel de "Estoy malito" porque se indigestaba al comer tapones que la gente olvidaba en las botellas. Su carácter comprensivo y generoso, le hacía olvidarse pronto de estos descuidos de los ciudadanos.

El contenedor Azul Celeste era un sabelotodo. Siempre ponía al día a los demás sobre las noticias gracias a los periódicos y revistas.

Don Amarillo Alegre fue el último contenedor en incorporarse a la plantilla de trabajo, pero su buen humor le hizo hacerse amigo de todos muy rápidamente.

Agrio Gris, siempre había sido el contenedor más tristón y el que menos hablaba de los cuatro. No hacía nunca partícipes a los demás de sus problemas. Así que poco sabían los otros tres que lo estaban llenando con bolsas de basura repletas de todo tipo de enseres que no debían ir a parar allí. A veces ni se molestaban en cerrarlas correctamente y Agrio Gris padecía una tremenda alitosis.

Cada vez estaba de peor humor y tremendamente enfadado porque le usaban incorrectamente. Estaba perdiendo su característico color gris para tornarse en un negro opaco y de aspecto terrible.

Un día, el Señor Agrio Gris comenzó a escupir todas y cada una de las bolsas de basura que los ciudadanos depositaban dentro de él. Y Amarillo Alegre que siempre fue el contenedor más divertido y animoso no tardó en hacer lo mismo. La verdad es que nunca le habían usado bien en ese barrio. En vez de introducir envases de plástico, latas de refresco y conservas, la gente le llenaba de residuos que debían ir a parar a Verde Botella o al señor Agrio Gris

La calle pronto se cubrió de desperdicios.

ALos cuatro contenedoresl contenedor Verde Botella le apasionaba la naturaleza, no podía ver el parque lleno de basura y los árboles llenos de envases. De modo que les propuso:
- ¿Y si nos ponemos carteles indicando dónde deben dejar cada residuo? Así ayudaremos a los ciudadanos a no equivocarse al tirar la basura.
- ¡Buena idea! – contestó Azul Celeste.
- ¡Me apunto! - dijo finalmente Amarillo Alegre.
- ¡Ni hablar!- gruñó Señor Agrio Gris.

Verde Botella entendía que Agrio estuviera muy molesto, pero trató de convencer a su compañero:
- Vamos Agrio, demos otra oportunidad a los ciudadanos.
- Venga Agrio, hay que tener confianza en las nuevas generaciones. Si no les ayudamos nunca aprenderán a reciclar – comentó Azul Celeste.
- Bueno – accedió finalmente el viejo contenedor.

Y tras colocarse unos carteles enormes que les cubrían por completo indicando qué debían tirar en cada uno de ellos, lograron que los ciudadanos usaran correctamente cada contenedor.
Las super abejasCorre el año 2536. Los humanos han tenido que abandonar la tierra tras décadas intentando salvar la capa de ozono y depurar el agua para tener agua potable para todos. La mayoría han emigrado a otras galaxias. Pero Crispín y su familia decidieron quedarse en la Luna.

En la Luna, Crispín y su familia vivían en una especie de casa prefabricada instalada sobre la superficie lunar cubierta por una gran bóveda. Era como una ciudad en miniatura. Tenían de todo. Los padres de Crispín habían logrado crear un ecosistema artificial en el que no faltaba de nada.

- Papá, ¿por qué nos hemos quedado tan cerca de la Tierra y otros se han ido mucho má? lejos? -preguntó un día Crispín-
- Porque nosotros vamos a salvar la Tierra -dijo su padre-
- ¡Sí, hombre! ¡Que te lo crees tú! -dijo Crispín, entre burlón y desafiante-. Miles de científicos llevan décadas intentándolo. ¿Qué vas a hacer tú que no puedan hacer ellos?
- Yo tengo una idea mejor -respondió su papá-. ¿Me ayudarás?
- Bueeeno... -dijo Crispín. En el fondo, adoraba la idea de volver a la Tierra.
- ¿Cómo lo vas a hacer? -preguntó el niño-
- Mi proyecto tiene nombre: "Las super abejas" Mira hijo, la gente no se ha ido de la Tierra solo porque no quedase agua potable o la capa de ozono estuviera destrozada. Hace siglos que los científicos inventaron un forma de crear ozono artificial. En cuanto al agua, todavía es posible depurarla.
- Entonces, ¿cuál fue el problema? -preguntó Crispín.
- Las abejas se extinguieron casi por completo -respondió su papá-. Nosotros nos vinimos aquí con las últimas cien abejas que quedaron vivas.
- ¿Y por eso te pones el traje de astronauta para entrar en la zona prohibida? -preguntó Crispín-.
- Algo así -respondió su papá.
- Cuéntame más -pidió el niño.
Las super abejas- Las abejas son fundamentales para la polinización. Es algo complicado. Digamos que sin polinización no crecen los cultivos y sin cultivos no hay comida, ni para los humanos ni para los animales -dijo el papá de Crispín.
- Entonces… ¡Nos hemos idos porque no había comida en la Tierra! -dijo sorprendido Crispín.
- Exacto -dijo su papá. Pero tengo ya casi listo una gran batallón de super abejas para volver a la Tierra. Las dejaremos allí, a ver si van consiguiendo algo. Poco a poco iremos llevando algunos de los animales que nos hemos traído, cuando críen y podamos asegurar la continuidad de la especie.

Con el tiempo, el plan del papá de Crispín dio sus frutos y los humanos pudieron volver de nuevo a la Tierra. Eso sí, esta vez comprendieron lo importante que era cuidar más del medio ambiente si no querían volver a lamentar las consecuencias.
El señor Jenner y las vacasHace mucho tiempo vivió en un pueblo inglés un médico de mucho prestigio llamado Edward Jenner. El señor Jenner era muy curioso y le gustaba investigar para mejorar la ciencia de la medicina, que por entonces todavía tenía muchas cosas que descubrir.

Una de las principales preocupaciones del señor Jenner era cómo curar la viruela, una enfermedad grave y contagiosa que en algunos casos podía provocar incluso la muerte.

Una enfermedad parecida menos grave, conocía como la viruela de las vacas, provocaba una erupción en las ubres de las vacas. La gente de entonces sabía que era posible contagiarse de esta enfermedad ordeñando las vacas, pero también era bien conocido que si había una epidemia de viruela humana, conocida por algunos como la viruela mala o viruela común, las lecheras eran las que menos enfermaban.

Esto despertaba gran curiosidad en el señor Jenner, que no se explicaba por qué las personas que estaban más expuestas al virus de la viruela de las vacas eran las que menos probabilidades tenían de contraer la viruela humana cuando había una epidemia.

La curiosidad del señor Jenner se incrementó el día que oyó a una lechera del pueblo decir:

-Yo no cogeré la viruela mala porque ya he cogido la de las vacas.

En ese momento, el señor Jenner tuvo la sensación de que estaba a punto de dar con la solución a la viruela mala. Jenner observó que, efectivamente, las lecheras de vez en cuando se contagiaban de la viruela de las vacas y que cuando esto pasaba no se infectaban de la viruela mala cuando había un brote.

El señor Jenner estaba seguro de que el secreto estaba en esa primera infección.

-De alguna manera, cuando las personas sufren las consecuencias del virus de la viruela de las vacas quedan a salvo de enfermar de viruela común -pensó el señor Jenner.

NEl señor Jenner y las vacasi corto ni perezoso, el señor Jenner decidió llevar hasta el final su hipótesis. Para comprobar que tenía razón, el señor Jenner inyectó viruela de vaca a un niño de ocho años. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna, pero se recuperó sin problemas, como ocurría normalmente, porque esta enfermedad no era muy grave. Dos días después de su recuperación, el señor Jenner le inyectó al niño el virus de viruela humana. Como espera, el niño no mostró síntomas de enfermedad. Corría el año 1796.

Fue así como nació la primera vacuna, llamada así precisamente por tener su origen en un virus transmitido por las vacas. Gracias a este descubrimiento el señor Jenner salvó miles de vidas en su tiempo y abrió el camino para que otros científicos e investigadores inventaran más vacunas que han salvado la vida a millones de personas hasta hoy y que seguirán haciéndolo siempre.
 
El gran descubrimiento de ArwenArwen estaba trabajando en un invento muy especial: un telescopio para ver más allá del Universo conocido. Todo el mundo pensaba que eso no era más que una chiquillada más de un joven genio que se aburría con cosas normales.

Como nadie tomaba en serio al pequeño Arwen nadie se dio cuenta de que su invento no solo permitiría ver los cuerpos celestes, sino también registrar su superficie y comunicarse con sus posibles habitantes. Y cuando lo consiguió sus logros pasaron inadvertidos.

Con su telescopio comunicador Arwen localizó varios planetas en una galaxia aún desconocida para los científicos espaciales. Uno de estos planetas orbitaba alrededor de una estrella y tenía un pequeño satélite que giraba a su alrededor. El planeta tenía mucha agua, hielo en los polos, muchas zonas montañosas y grandes extensiones de tierra. El planeta era muy parecido a la Tierra, pero sin vegetación.

Dado el parecido con la Tierra, Arwen pensó que tal vez estuviera habitado, así que empezó a mandar señales a ver si algún ser inteligente las captaba. Pero pasaron los días y Arwen no recibió respuesta. Tampoco consiguió encontrar ningún signo de vida, nada que se pareciera a una planta o a un insecto.

Arwen estaba a punto de darse por vencido cuando sintió una alteración en la señal.

-Esto no puede ser casualidad -pensó Arwen, que corrió a ver qué estaba pasando.

Al mirar por su telescopio Arwen descubrió una pequeña antena que emergía en medio de un gran océano. Arwen enfocó mejor el telescopio para ver con más detalle lo que estaba pasando.

-Ya casi lo tengo, ya casi lo tengo -dijo Arwen, todo emocionado.

Entonces, sintió un fogonazo y salió disparado hacia atrás.

-¡No, mi telescopio! -gritó el niño.

Arwen fue a ver si el telescopio estaba bien, pero ya no funcionaba.

-Voy a analizar las últimas imágenes captadas, a ver qué ha pasado -dijo Arwen-.
Pero cuando fue a ver el ordenador, éste estaba literalmente frito.

-Parece que hay alguien escondido en ese planeta que no tiene interés en ser descubierto -dijo Arwen.

-¿Dices algo, hijo? -preguntó su madre, que pasaba por delante de su puerta justo en ese instante.

El gran descubrimiento de Arwen-Nada mamá, que a mí tampoco me gustaría que unos seres de otro planeta vinieran por aquí a ver cómo podrían aprovecharse de mi casa.

-Hijo, ¿de qué hablas? -preguntó su madre.

-Nada, mamá, cosas mías. Es que estoy leyendo un libro muy interesante sobre colonización espacial y esas cosas -dijo Arwen.

-Ya, cosas tuyas -dijo su madre.

Arwen se quedó un poco triste por no haber podido contactar con los habitantes de ese planeta, pero muy contento por haber hecho un descubrimiento tan importante. Menos mal que las pruebas habían quedado calcinadas. Si no, quién sabe qué hubiera pasado si alguien hubiera tomado en serio al pequeño Arwen.
Experimentando con ranasCorría el año 1780. El físico italiano Luigi Galvani estaba diseccionando una rana para uno de sus experimentos. No era la primera vez que lo hacía, pero ese día pasó algo muy curioso.

-Vaya, parece que te resistes, amiguita -dijo Luigi Galvani-. Voy a colgarte de este gancho mientras uso este bisturí que tengo aquí, a ver si consigo ver lo que… ¡Santo cielo! ¡Qué pasa aquí! ¿Desde cuándo las ranas muertas pueden mover las patas?

Luigi Galvani se llevó un susto tremendo. La rana acaba de mover la pata que estaba manipulando.

Tras superar el susto inicial, Luigi Galvani siguió con su trabajo. Durante un rato no pasó nada, hasta que, de repente, la rana volvió a mover la pata.

-¡Qué extraño! -dijo Luigi Galvani.

Luigi Galvani repitió el proceso despacito y, entonces, se dio cuenta de lo que pasaba. Al tocar el gancho de bronce del que colgaba la rana con el bisturí de hierro se producía una energía que provocaba el movimiento de la pata de la rana.

Luigi Galvani pensó que lo que ocurría era que la energía contenida en la pata de la rana impulsaba la contracción muscular.

-Esto es electricidad animal -dijo Luigi Galvani-. La rana conserva su energía vital y yo he conseguido estimularla.

Luigi Galvani invitó a sus colegas a hacer el experimento para validar su teoría. Su colega, el científico Alessandro Volta, afirmó que los resultados eran correctos. Sin embargo, no le convencía la explicación que Galvani daba para justificar el movimiento de la pata de la rana.

-Queda claro que el impulso que hace que la pata se mueva es eléctrico -dijo Alessandro Volta a su amigo Galvani-, pero no entiendo bien los motivos que lo provocan.

EExperimentando con ranassto hizo que ambos científicos siguieran trabajando en ello. Alessandro Volta, tras muchos experimentos consiguió verificar su hipótesis en 1791. Lo que descubrió le abrió la puerta a nuevos trabajos hasta que en el año 1800 creó la primera batería capaz de producir una corriente eléctrica. Así nació la pila voltaica, un aparato capaz de producir una corriente eléctrica continua y estable.

Pero los experimentos de Luigi Galvani no solo dieron pie a que su colega Volta inventara la pila, sino que también inspiraron el argumento de Frankenstein una de las novelas más importantes de la literatura universal